Por el progreso de la psicología


POR EL PROGRESO DE LA PSICOLOGÍA


POR LA ORGANIZACIÓN COLEGIAL DEMOCRÁTICA

EN CUMPLIMIENTO DE NUESTRA OBLIGACIÓN CIUDADANA

¡PORQUE ESTAMOS INDIGNADOS CON EL COP!


DECLARACIÓN POR LA DEMOCRATIZACIÓN DEL COP Y EL DESARROLLO DE LA PSICOLOGÍA



lunes, 14 de enero de 2013

Y COMO NO SÓLO ESTAMOS ATENTOS A NUESTRAS COSAS...



En el artículo mencionado de Olabarría y García (2011) se describe la precaria situación del sistema sanitario español durante la Transición , y que inició un proceso de reforma sanitario imprescindible a todos los niveles.

http://www.aepcp.net/arc/05_2011_n3_olabarria_anxo.pdf
 

Entre los ejemplos de vacíos en la cobertura sanitaria española de esos momentos recuerdan que la cobertura sanitaria de la población no era un derecho constitucional efectivo del ciudadano, sino que seguía un modelo mutual, es decir, que dependía de la condición de recibir una nómina. Los trabajadores autónomos en muchas ocasiones no realizaban contribuciones, con lo que quedaban al margen del sistema de prestaciones sanitarias, como también quienes no habían trabajado nunca y no estaban casados con alguien que sí contase con contrato laboral fijo.

Eso era allá por 1975....

Y ahora leemos el Real decreto de 20 de abril de 2012, las condiciones para asegurar la asistencia sanitaria en nuestro territorio...actualmente en vigor ...


1. La asistencia sanitaria en España, con cargo a fondos públicos, a través del Sistema Nacional de Salud, se garantizará a aquellas personas que ostenten la condición de asegurado.
 
2. A estos efectos, tendrán la condición de asegurado aquellas personas que se encuentren en alguno de los siguientes supuestos:
a) Ser trabajador por cuenta ajena o por cuenta propia, afiliado a la Seguridad Social y en situación de alta o asimilada a la de alta.
b) Ostentar la condición de pensionista del sistema de la Seguridad Social.
c) Ser perceptor de cualquier otra prestación periódica de la Seguridad Social, incluidas la prestación y el subsidio por desempleo.
d) Haber agotado la prestación o el subsidio por desempleo y figurar inscrito en la oficina correspondiente como demandante de empleo, no acreditando la condición de asegurado por cualquier otro título.
 

 ....
 
Y se nos vuelven a  poner los ojos como platos. Aunque de esto ya hablamos en otra ocasión, pero no  logramos digerirlo.

http://mesagalegadapsicoloxiaclinica.blogspot.com.es/2012/04/en-vigor-el-real-decreto-ley-de-reforma.html

 Otros vacíos de aquella época 



- La atención primaria era muy deficiente (los médicos contaban con horarios muy restringidos y cupos de población muy altos, no se abrían historias clínicas, etc.).

- El número de camas hospitalarias era el más bajo de Europa y las urgencias estaban
saturadas.


- La organización y gestión del sistema estaba fragmentada entre diversas instituciones
con falta de coordinación entre ellas.


- Se contaba con un modelo de atención asistencialista, rígida y estereotipadamente medicalizado y una visión biologicista y parcializada del sujeto.



...






¿POR QUÉ HUYEN DE LA HISTORIA?


Desde hace mucho tiempo tenemos la sensación de que echar la vista al pasado incomoda a más de uno, que no interesa recordar cuál ha sido el proceso que culmina en la creación de la especialidad de psicología clínica, que sustenta la específica formación de las profesiones sanitarias y cómo ha de ser la vía de acceso a la profesión en nuestro Sistema Nacional de Salud. Con frecuencia también, y dado que no se puede eliminar por completo las huellas de este proceso, se opta por dar una visión parcial o falseada del asunto, haciéndose cada uno un traje a medida.


Sin embargo, si hemos llegado hasta aqui, razones de peso habrá. Y la psicología clínica española llega siendo una profesión sanitaria regulada, con unas condiciones de acceso determinadas y con el proceso formativo que es, y sólo es, el Sistema PIR.

Porque si no fuera así, si se hubiera planteado en su momento una vía de formación mejor que la actual, ¿no créeis que se hubiera seguido? ¿Por qué entonces se da vueltas y vueltas a la fantasía de que la Universidad se haga cargo de la formación posgraduada para convertirse en especialista, o ahora un nuevo profesional sanitario y que esa formación sea equivalente al PIR?.

Claro es que no lo consiguieron cuando en una de las muchas reformas del Sistema Universitario se definieron tres posibilidades de formación de posgrado: el doctorado, y los títulos propios de máster y especialista universitario, que abrieron la veda para la casi infinitas posibilidades actuales de formación. En aquel momento, algunos sectores universitarios intentaron, sin éxito que ese tipo de formación se presentase como alternativa al PIR.

Ahora es más de lo mismo con la figura del Psicólogo General Sanitario.

En este caldo de posiciones contra la especialidad soprende la opinión de Carrobles sobre el riesgo de que la especialidad sea una "rémora" para la psicología clínica moderna en un entorno europeo de formación. Otra vez al ataque.



Pero como la Historia está para recordarla y aprender de ella, os recomendamos la lectura de un artículo cuyos firmantes son Begoña Olabarría y Miguel Anxo García, en la revista de la Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopatología, sobre el proceso de construcción de la psicología clínica en España como especialidad sanitaria:


No podemos dejar de señalar un párrafo en el que opinan sobre ese empeño sobre reescribir, distorsionar o suprimir situaciones y hechos del pasado reciente: "Ese lamentable empeño cuenta con sus propias organizaciones «profesionales y científicas»; en él participan esas «eminencias» que propugnan la modalidad de quienes explícita o implícitamente formulan sin más que modernidad, progreso, ciencia, especialidad, formación,conocimiento y campo de intervención son nociones que se dan la mano y son equivalentes a la simple desaparición de trabas a la satisfacción sin límites de sus intereses en un mercado cuyas grandes líneas de expansión buscan controlar."

Y a grandes rasgos, ¿qué nos puede decir nuestra historia sobre la consolidación de la psicología clínica como especialidad y su formación a través del Sistema PIR?

- Que la especialidad se fue construyendo colaborativamente con diferentes sectores de nuestra profesión y de otras profesiones que compartían una visión progresista de la salud mental. No faltó el debate, pero en su inmensa mayoría, fue a través del juego limpio.
- Que desde el inicio, se valoró una psicología clínica íntimamente ligada al Sistema Nacional de Salud, creciendo y complejizándose a medida que el sistema también se hacía más complejo, y se iban consolidando nuevos modelos organizativos, de gestión y asistenciales.
- Que, por lo tanto, la formación especializada debía ofrecerse dentro de los propios servicios sanitarios, pegada a la realidad asistencial, y al mismo tiempo, con plenas garantías de calidad en la formación, en centros a creditados para ello, en base a un programa formativo homogéneo (el hecho de integrarnos más tardíamente que otros profesionales sanitarios favoreció el evitar sus errores pasados, en concreto el sistema formativo obsoleto inicial de los médicos especialistas que los hacían depender de escuelas universitarias, cátedras y Colegios de Médicos, sin formarse en Hospitales públicos, sin un programa formativo establecido, ni con un acceso en condiciones de igualdad, mérito y capacidad).
- En definitiva, la formación sanitaria especializada para ser psicólogo clínico sería la exigida por las Administraciones Sanitarias, de acuerdo con la normativa reguladora.

Ni diferentes ni excepcionales.

No nos dejemos engañar: la lanza que esgrimen sectores caducos en base a una supuesta modernización de la Psicología Clínica, el cientifismo y el logro de unos "estandares" que algunos se arrogan en exclusiva por el simple hecho de pertenecer al ámbito académico, no es más que esa misma obsolescencia de la que huyeron los médicos especialistas cuando impulsaron el Sistema MIR y que la Administración Sanitaria sancionó legalmente, sólo modificándola para mejorar el Sistema.

La opinión (que no argumento) que esgrimen de que cuando exigimos la misma formación sanitaria especializada y requisitos de acceso que el resto de profesionales facultativos es un signo de servilismo hacia éstos, es una muestra palmaria de su ignorancia activa sobre el Sistema Nacional de Salud, y su apuesta por seguir viviendo de espaldas a la realidad asistencial, social y hasta normativa (si dicen que deben ser los representantes de la Psicología los que deben establecer los requisitos técnicos, temporales y profesionales; parece que se olvidan que estamos ante un Estado de Derecho, con poderes legislativo, ejecutivo y judicial)


¿Es entonces la psicología clínica y su formación PIR una rémora del pasado? Éstas son las guías que en su momento elaboraron un Comité de Expertos (entre ellos Carrobles); leedlas y decidid si es un anacronismo o sigue protagonizando la mayor evolución de nuestra disciplina como profesión:

(1) Está directamente vinculado a los servicios especializados de la red sanitaria, lo que permite el establecimiento de un equilibrio entre la investigación básica y la investigación aplicada, en relación todo ello a las necesidades que la demanda social en los servicios públicos plantea. Ello habrá de permitir además una mejor y/o mayor adecuación de los instrumentos del psicólogo al campo de intervención.
(2) Vincula la formación postgraduada al ejercicio profesional y ello no sólo porque aparecen profesionales vinculados a funciones docentes, sino también porque al estudiante de la especialidad se le reconocerá el ejercicio profesional que realiza al tiempo que su formación, a través de un contrato laboral.
(3) Posibilita y favorece una mayor identidad profesional tanto internamente como en relación a otros colectivos profesionales de distintas disciplinas que realicen funciones en campos de intervención común, así como en relación a los ciudadanos que demandan sus servicios como especialistas.
(4) Contribuye al reconocimiento de la psicología clínica como profesión sanitaria en el marco de la sanidad española, de acuerdo a la Ley General de Sanidad y al Informe de la Comisión Ministerial para la Reforma Psiquiátrica.
(5) Permitirá una homologación de derecho de los psicólogos especialistas en relación a los titulados superiores de otras disciplinas vinculadas al campo de la salud (médicos, farmacéuticos).


jueves, 10 de enero de 2013

¿Y A QUÉ VIENEN ESTAS MUESTRAS BIBLIOGRÁFICAS?

Pues viene a que estos días nos encontramos con la sorprendente "noticia" en la página oficial de la revista "Psicología Conductual", de la Asociación Psicológica Iberoamericana de Clínica y Salud (APICSA; que dirige Vicente Caballo):


Enero 2013

Polémica sobre las figuras del psicólogo general sanitario versus el psicólogo clínico. A pesar de que el Consejo General del Colegios Oficiales de Psicólogos (CGCOP) está potenciando la figura del psicólogo general sanitario, no hay un consenso entre los psicólogos españoles que trabajan en psicología clínica y/o psicología de la salud sobre la conveniencia de dicha figura. Tal vez se debería consultar antes a los colegiados que trabajan en esos campos ya que, en estos momentos, las opiniones del CGCOP son las de sus directivos y no la de la mayoría de los psicólogos colegiados. Pueden leer posiciones distintas sobre este tema en los artículos publicados por dos catedráticos de Psicología, los profesores José A. Carrobles y Enrique Echeburúa, en la revista Behavioral Psychology/Psicología Conductual en el mes de septiembre y que están disponibles gratuitamente pinchado en esta noticia. Así mismo, se ha habilitado un blog para que cualquier interesado pueda opinar libremente sobre este asunto.


Si pincháis en el título de la noticia, accedéis a la página del blog, donde os espera una ¿grata? sorpresa.

¡NO, AÚN NO PINCHÉIS. ESPERAD UN POCO! Impacientes....

Ahora que habréis leído los dos artículos que se mencionan, estaréis igual de confundidos que nosotros:
- ¿A qué se refieren sobre la falta de consenso sobre la conveniencia de dicha figura? ¿a la del Psicólogo General Sanitario o al Psicólogo Clínico? (leyendo a Carrobles pensamos que la figura del psicólogo clínico le sobra)
- ¿Estos "radicales" están pensando en pedir el "cese" del Psicólogo General Sanitario, la "dimisión" de los dirigentes del COP, o ambas?
- ¿A qué se refieren exactamente sobre las dos posiciones distintas sobre "este" tema entre Echeburúa y Carrobles? (solamente están en desacuerdo sobre el itinerario; del resto vemos parecidas posiciones, con diferencias en la forma de exponerlas).

Así que aparentemente aparecieron pequeñas grietas en la hasta ahora sólida y incuestionable amistad entre Universidad y Colegio profesional.

Pero no os preocupéis, se reconciliarán pronto. Siempre ha habido una especial sintonía entre ambos colectivos, con pequeñas excepciones en algunos profesores universitarios que han entendido la importancia de la especialidad de clínica y del proceso formativo PIR...

El COP es muy bueno en eso de "dónde digo Digo digo Diego". Qué más dá que ahora firme el documento de la discordia con algunos de sus colegas universitarios, siempre le quedan otros  (también colegas universitarios y algunos despistados) para firmar sus cosas, sobre todo cuando lo que se trata de firmar es especialmente humilde en sus aspiraciones (y no nos malinterpretéis: la defensa del itinerario es incuestionable. Pero visto los argumentos que aparecen en esos artículos de la revista Psicología Conductual, ¿créeis que COP, SEPCYS y AEPC firmarían un documento defendiendo la reserva del ejercicio profesional del psicólogo clínico en el ámbito público y privado del Sistema de Salud, al igual que el resto de especialidades sanitarias, o en contra de acotar el ámbito de actuación de los psicólogos clínicos a los servicios de Salud Mental y en una concepción estrecha de los trastornos mentales? (por cierto ¿cómo se pudo "colar" en el texto la siguiente frase: "puesto que los futuros especialistas en psicología clínica tienen plena responsabilidad en el diagnóstico y tratamiento de las personas con trastorno mental..."; parece clavada a una frase de Echeburúa).


AHORA YA PODÉIS PINCHAR EN EL ENLACE A ESE BLOG DE LA APICSA.
Señal de peligro: Peligro general

AVISO: La imagen que muestran en su encabezado no tiene que ver con los contenidos de la noticia y el propósito de ese blog. Cualquier relación con el nuestro es mera (más bien nula) coincidencia.

Pero salimos todos muy bien en la foto 

y eso que es "oblicua", ¿será para crear un posible efecto subliminal?

Como decía estos días una colega al leer el texto "seguro que ahora también se apuntan al derecho de autodeterminación y por eso plantean preguntarle a los colegiados. Ja, ja, ja, ja!!!!!!! y encima al que se atreva a cuestionarlos lo pondrán podre como fascista ya que ellos sólo plantean una posición democrática, ja..."

BIBLIOGRAFÍA COMENTADA (O COMPARADA) Y II


Libros : libros antiguos aislados en blanco

Y seguimos con la bibliografía comentada.

En el mismo número de la revista "Psicología Conductual", se publica un artículo de reflexión de Enrique Echeburúa y colaboradores, intentando despejar o aclarar las dudas sobre las funciones y ámbitos de actuación del psicólogo clínico y del psicólogo general sanitario.


Como resaltan los propios autores, esta reflexión "No se trata de un planteamiento cerrado -ni siquiera de una propuesta sistematizada-, sino de unas reflexiones abiertas al hilo de la reciente normativa establecida, del debate planteado y de los temas que nos preocupan en nuestro quehacer cotidiano"

A destacar en los primeros párrafos del artículo la defensa que hacen de lo que ellos llaman "carrera profesional escalonada: psicólogo-psicólogo general sanitario-psicólogo clínico", pero dado que esta solución no está desarrollada, pretenden reflexionar sobre las competencias de ambos tipos de profesionales, de modo que "no se generen espacios de confusión con los propios de los psicólogos clínicos en el ámbito de la salud".

Este intento de clarificar los diversos ámbitos competenciales y de actuación nos parece una apuesta valiente, más cuando quienes podrían despejar dudas y aliviar tensiones no se han postulado todavía (tanto las Administraciones Públicas, como en nuestro contexto interno la Organización colegial. ¿hay alguien ahí?!!!). Otro aspecto meritorio de este artículo es que evidencian lo obvio y sin embargo, tapado: que los psicólogos generalistas y los psicólogos especialistas son dos profesionales diferentes.. Tenemos el ejemplo del articulo mencionado anteriormente de carrobles o la frase con chispa pero vacua de Fernandez Hermida "nada de la psicología clínica le es ajena" (http://mesagalegadapsicoloxiaclinica.blogspot.com.es/2012/05/como-navegar-entre-dos-aguas-entre-la.html)

Y hasta aquí las opiniones que compartimos con el artículo. Bueno no, hay otras, como la exageración en la medicalización de la vida cotidiana y el gusto por la hipérbole neo-diagnosticadora.

De lo que tenemos serias dudas es en la diferenciación de los "cuadros clínicos tradicionales" (y listan la depresión, trastornos de ansiedad, esquizofrenia, adicciones...) de los "problemas menores" (y que refieren en diversas líneas a problemas adaptativos, que reflejan una patología del sufrimiento y la infelicidad, o derivados de la exigencia de una mayor calidad de vida por parte de los pacientes), y que los autores relacionan con los códigos z de las clasificaciones psiquiátricas.y que, según ellos, son "un reflejo de la psicopatologización de la vida cotidiana" y factores que podríamos describir de exigencia de un sociedad competitiva, individualista y con redes sociales carenciales.

Todo esta disquisición la enmarcan dentro de lo que denominan "nuevas demandas terapéuticas" a las que los psicólogos clínicos hemos de atender (hasta un 20-30% de demandas asistenciales).

Pero debemos señalar con firmeza varios puntos en torno a esto:

1. Dentro de los códigos z hay entidades clínicas que en absoluto pueden tacharse de menores: por ejemplo, problemas de relación asociado a un trastorno mental o a una enfermedad médica (z63.7); problemas paterno-filiales (z63.8); problemas conyugales (z63.0); Incumplimiento terapéutico (z91.1); simulación (z76.5); comportamientos antisociales tanto en adultos como en niños y adolescentes; duelo (z63.4)....
2. Es un error pensar que este tipo de problemas son menores porque no encajen o cumplan criterios diagnósticos de los llamados trastornos mayores, y que no son clínicamente relevantes en la intensidad del sufrimiento, el grado de afectación en múltiples áreas de la vida cotidiana, y desde luego, que el abordaje terapéutico sea sencillo y no requieren unas habilidades y competencias técnicas especializadas. Nada más lejos de esto.

Claro que los autores se han cuidado de relacionar directamente códigos z con simplicidad diagnóstica y terapéutica (incluso plantean más adelante que las variables para determinar la gravedad de ese sufrimiento son múltiples), pero utilizarán este argumento de las nuevas demandas terapéuticas, para intentar esclarecer las funciones y competencias diferenciales entre los psicólogos generales sanitarios y los psicólogos clínicos en base a un supuesto continuo de malestar emocional y estrés-----dificultades adaptativas----trastornos mentales.

Dicen de los psicólogos generales sanitarios que "pueden atender a ese gran grupo de pacientes que acuden a los psicólogos en busca de ayuda para hacer frente a los problemas de la vida y resolver situaciones de infelicidad y malestar emocional (lo que se ha denominado antes la “patología del sufrimiento”) porque se sienten desbordados en sus estrategias de afrontamiento. De este modo, estos profesionales sanitarios pueden ofrecer orientación, consejo y apoyo psicológico a los pacientes para superar sus dificultades" y aconsejan eludir el término "terapia" para hacer referencia a este tipo de intervenciones.

Y de ahí, saltan a describir las competencias de las psicólogos generales sanitarios, ejemplificando en cada uno de los niveles de prevención: primaria, secundaria, terciaria y cuaternaria. Los ejemplos que describen son múltiples.

En un párrafo resumen lo que consideran la relación con la psicología clínica. Veamos: "En definitiva, si se detectan y diagnostican trastornos mentales propiamente dichos, debe derivarse a los pacientes a los psicólogos clínicos y a los psiquiatras, que tienen funciones bien delimitadas en este ámbito. Pero la demanda de la población hacia los psicólogos sanitarios va mucho más allá que el ámbito estre­cho de los trastornos mentales"

¿Significa eso que las competencias de los psicólogos clínicos quedan abocadas/cercadas/cercenadas al "ámbito estrecho de los trastornos mentales"?

Y claro, el siguiente punto en la argumentación deriva consecuentemente en los ámbitos de actuación público/privado, que por lo que parece su materialización en la enmienda de la Ley General de Salud Pública ha debido levantar muchas ampollas.

Porque, según la opinión de estos autores, la reserva de actividad en el SNS para los psicólogos clínicos es una incongruencia, y debería facilitarse el trabajo a los psicólogos generales sanitarios tanto en el ámbito hospitalario como de atención primaria

Un inciso: la mención cuasi-literaria de "los antiguos ambulatorios de la seguridad social se han convertido en centros de salud, no en centros de enfermedad" es de una riqueza lírica loable; llevado al extremo podríamos decir que las enfermedades y los enfermos están prohibidos en esos centros de salud. 

También siguiendo ese argumento hasta el extremo podríamos pensar que el resto de profesionales sanitarios que están en esos centros de salud sólo ven problemas "menores" no trastornos médicos y por lo tanto no han de ser especialistas. Hummmm!, qué dirían los médicos especialistas en medicina familiar y comunitaria (que ejercen actividades de prevención, tratamiento y rehabilitación), médicos especialistas en pediatría (con las mismas funciones que los anteriores) y los médicos especialistas en ginecología. Por no hablar de la enfermería, que en estos momentos están desarrollando formación especializada en distintos ámbitos y tienen ya programas EIR.

¿Y qué decir de su referencia a las intervenciones psicológicas empíricamente validadas? ¿qué necesidad había de repetir lo obvio sobre el esfuerzo para planificar, poner en marcha y evaluar nuestras intervenciones para hacerlas más eficaces y eficientes? Aquí está la respuesta: "La estructura y el funcionamiento de los centros de salud mental hacen inviable en muchas ocasiones la posibilidad de instaurar tratamientos psicológicos por la distancia entre sesiones, la duración de las mismas, la carencia de psicólogos clínicos o la medicalización imperante. Si casi un 25% de las demandas en los centros de salud mental no lo es por trastorno mental propiamente dicho (Goñi, García, Landa y Lizasoain, 2008) y estas demandas fueran atendidas en la asistencia primaria, los psicólogos clínicos tendrían más tiempo para atender a los pacientes con trastorno mental y ofrecer terapia psicológica, reduciendo las listas de espera y la saturación." Y avisan: "la psicología clínica con base empírica es irreversible". Como si los psicólogos clínicos estuvieramos ejerciendo entelequias....

Bien, podríamos realizar reflexiones diferentes entorno a esto: la más importante, sobre los riesgos de valorar gravedad clínica en base a un código diagnóstico, y a partir de ese mismo código el nivel de especialización del abordaje terapéutico está hecha. El psicólogo clínico es un profesional perfectamente capacitado para realizar tal evaluación psicológica que excede con mucho el ámbito del psicodiagnóstico. El psicólogo clínico está capacitado (y obligado) para valorar y tratar la urdimbre de factores psicopatológicos, emocionales, relaciones, comportamentales... que eclosionan en un cuadro clínico tenga o no la etiqueta de trastorno mental o no (y recordemos que los códigos z también esán incluidos en los mismos manuales diagnósticos) y del que no es posible ni deseable fragmentar en sus diferentes componentes para despachar los ahora fragmentos de persona/problema a diferentes profesionales por que "no cumplen criterios diagnósticos suficientes". Con frecuencia, una demanda de consulta aparentemente "menor" se incribe dentro de un contexto mucho más amplio y de una complejidad asistencial nada desdeñable que requiere una intervención altamente especializada.

Pero a todo esto se añade otra consideración que parecen haber pasado por alto, y es que las competencias de los psicólogos clínicos ya vienen definidas y de la consecución de su logro es responsable el programa formativo de la especialidad, donde especifica que el ámbito propio de la psicología clínica es "la investigación, comprensión, prevención, evaluación, diagnóstico, tratamiento psicológico y rehabilitación de los trastornos mentales, así como de los fenómenos y procesos psicológicos, comportamentales y relacionales que inciden en la salud y la enfermedad de los seres humanos en su concepción integral". Por eso, el Real Decreto 1277/2003 define al psicólogo clínico como especialista responsable en realizar el diagnóstico, evaluación, tratamiento y rehabilitación de los trastornos mentales, pero también emocionales, relacionales y del comportamiento.

¿Cuándo se ha visto que en la evolución natural de una profesión, en vez de ampliar competencias y ámbitos de intervención, deseable en base a las crecientes necesidades y retos asistenciales, se reduzcan tales competencias y funciones como se pretende al querer abocar y arrinconar al psicólogo clínico al "estrecho campo de los trastornos mentales"?

Es inconcebible esta postura, en un momento como éste en el que el nuevo programa formativo dota de una mayor amplitud de recorrido en la formación, como es la Atención Primaria, la atención continuada y la posibilidad de rotar por otras áreas de desarrollo específico. Y plantear la incorporación de un nuevo profesional de la psicología como posible solución a los problemas de listas de espera y presión asistencial cuando es patente que el origen está en la infradotación de especialistas en el SNS, nos hacen pensar en una ingenuidad sorprendente por parte de los autores del artículo y un desconociemiento palpable del Sistema Público ce Salud.


Coincidimos con los autores que hay que escapar del corporativismo más feroz y que es necesaria una reflexión seria y abierta. Por eso, pensar que la exigencia de la titulación de psicólogo clínico para trabajar en el ámbito público o concertado es un ejemplo de ese corporativismo es un mal comienzo para ese acercamiento de posturas.

y seguiremos, que todavía hay más cosas que atender....

BIBLIOGRAFÍA COMENTADA (O COMPARADA). PRIMERA PARTE


 Libros_abiertos : Pila de libros con un libro abierto sobre fondo blanco


Empezamos un nuevo año y lo hacemos exactamente con los mismos interrogantes con los que acabamos en año anterior, en esto de la psicología sanitaria: se crea una profesión de nivel generalista, el Psicólogo General Sanitario, a través de la consecución de un título de Master Oficial (por lo tanto con directrices propias para todo el estado) pero todavía no se ha publicado el desarrollo normativo, ni el currículo formativo, ni las vías transitorias para acceder a tal título para aquellos que ya son licenciados y están trabajando en ámbitos sanitarios, y la muy necesaria, en nuestra opinión, relación con la especialidad de psicología en un recorrido formativo coherente y garantista de la máxima calidad: grado en psicología (no sanitario)-máster en psicología general sanitaria-psicología clínica.

Decimos, entonces, que el desarrollo formativo va muy lento, si es que va de alguna manera, en los ámbitos competenciales de aquellas Administraciones Públicas que tienen la obligación de ordenar la profesión (los Ministerios de educación y sanidad). Quizás en proporción inversa a la intensa actividad de los últimos meses que se ha producido en las organizaciones profesionales, intitucionales y científicas de la psicología, intentando influir en las Administración para que hagan su trabajo y lo hagan de una manera que favorezca el adecuado desarrollo de nuestra formación y ejercicio profesional. Aunque ha habido también en esas organizaciones, intentos de torpedear dicho proceso.

Aunque en menor grado, también se han producido intentos de poner negro sobre blanco las perspectivas que sobre el desarrollo de esta nueva profesión y su encaje con la profesión sanitaria en la psicología existente hasta el momento: la de psicólogo especialista en psicología clínica.

No es que hayan corrido ríos de tinta ni mucho menos, pero se están dando intentos interesantes sobre el tema. Leed "intentos interesantes" desde cierta ironía, porque aunque se "visten" con una capa de rigurosidad (al fin y al cabo debaten en publicaciones científicas), podemos "leer entre líneas" en alguno de esos artículos lo que no son más que argumentos a favor de intereses no muy claros. ¿cómo podemos interpretar si no unos textos donde se deslizan ideas sobre la especialidad de la psicología clínica como un anacronismo en relación con el nuevo espacio europeo de educación superior, o pretenden arrinconar nuestra especialidad a un ámbito forzosamente estrecho del trastorno mental (desde una concepción asimismo estrecha de lo que es la salud y la enfermedad mental)?

Como es costumbre en este blog, enlazaremos los textos a los que hacemos referencias con trasncripciones de los párrafos relevantes, para que cada cual saque sus propias conclusiones:

Empezaremos por el que más os ha sorprendido y alarmado, un artículo de Jose Antonio Carrobles, catedrático del área PETRA de la Universidad Autónoma de Madrid, Presidente de la European Association for Behavioural & Cognitive Therapies (EABCT), y entre otros méritos, presidente de honor de la Asociación Española de Psicología Clínica Cognitivo-Conductual (AEPCCC; no confundir con la AEPC ni la AEPCP), Asociación con una ingente actividad formativa en posgrados de psicología sanitaria y de práctica clínica (se cuidan mucho de inducir a error en la denominación de sus cursos).


Empieza su artículo reconociendo el indudable logro de la creación del título de psicólogo especialista en psicología clínica y el el desarrollo de la formación especializada vía PIR, como una "figura consolidada en cuanto a su prestigio y la calidad de su formación profesional". Pero, como siempre hay un pero, el párrafo siguiente asombra en su contundencia: "Sin embargo, lo que en principio fue y ha sido, sin duda, un gran logro para la psicología española, corre el riesgo de convertirse, como así parece empezar a suceder en la actualidad, en una rémora para la misma, dificultando la consolidación de una psicología clínica moderna y en consonancia con los actuales estándares de la propia psicología clínica de nuestro entorno europeo en cuyo espacio educativo y profesional es imperioso que nos integremos como miembros de pleno derecho del mismo"

En nuestra opinión, ésta es la principal tesis que esgrimirá a lo largo de todo el artículo para intentar atacar el itinerario secuenciado grado-máster-PIR. Lo que nos parece infefendible es que utilice las matemáticas simples del número de años (4+2 frente a 4+2+4) como si fuese un demérito una mejor formación (en el último nivel de tipo profesionalizante en Instituciones Públicas, como ya sabéis que es la formación PIR). Es decir, una vez más comparamos nuestro sistema formativo a la baja con respecto a otros países de nuestro entorno, sobre todo del mundo anglosajón (¡qué desfachatez, añadimos nosotros para darle un toque de humor, pretender tener una formación más larga de los ingleses y norteamericanos!¡habrase visto!).

La otra tesis que entrevemos en el artículo es la de la necesidad de al menos ¡DOS ESPECIALIDADES! de la psicología en el ámbito sanitario: "...una centrada específicamente en la atención psicológica de los trastornos mentales conjuntamente con la psiquiatría (el psicólogo clínico) y otra dedicada más exten­samente a la atención psicológica de los pacientes atendidos en el resto de los servicios o especialidades médicas incluidas en el Servicio Nacional de Salud (el psicólogo de la salud)".

Esta idea, que no criticamos, sobre todo ante el nuevo panorama que se abrirá con el decreto de la troncalidad en las especialidades sanitarias, nos produce cierto sonrojo en un artículo en el que hablará de la figura del psicólogo general sanitario. ¿es que pretenderá equiparar esta profesión como una especialidad? En realidad no deberíamos poner esta frase entre interrogantes porque el mismo autor afirmará, en un parrafo posterior, al hilo de la creación del PGS: "Una pregunta que surge de inmediato al considerar esta situación es la del por qué de la creación de las dos figuras de especialistas con capacidad y competencias profesionales aparentemente muy similares, aunque limitando el ámbito aplicado de una de ellas, la del psicólogo general sanitario" [se refiere a la reserva de plazas en el SNS para especialistas en psicología clínica, lo cual le debe parecer cuestionable].

Una posible deriva de todo esto (que hable de dos especialidades) sería el volver a pensar (porque esto no es nuevo) en dos posibilidades formativas de especialistas sanitarios, como ya tuvieron Y SUPERARON los médicos especialistas: uno centrado en las universidades y otra, la que finalmente resultó, la centrada en un aprendizaje profesional en servicios públicos (el sistema -IR).

Pero no, el autor aboga por serguir el procedimiento de otros países europeos, donde "Esta normativa común supone, por lo que respecta a la formación o especialización en Psicología Clínica, la realización de los correspondientes estudios de Grado o Bachelor en Psicología (de una duración de tres cursos o años y no de cuatro como en el caso de España) y de una formación profesional especializada de máster o de postgrado de unos dos o tres años, en los que se incluye, al menos, un año completo de práctica clínica supervisada o tutorizada". Poco más abajo, insistirá que la situación de tener dos profesionales de la psicología en el ámbito sanitario no es homologable con ninguno de los modelos existentes en los diferentes países europeos. (¿intentará decir que sobra una "especialidad"?).

Eso sí, no deja de "lamentarse" que "A la vista de estos datos cabe preguntarse el porqué del empeño de algunos colegas, profesionales de la psicología, y de algunos políticos y autoridades, entre los que se incluyen, lamentablemente, los propios representantes de nuesttro COP, en complicar hasta tal extremo y poner tantas trabas para el ejercicio de la profesión de la Psicología Clínica en nuestro país, haciendo caso omiso de la realidad europea de nuestro entorno y pareciendo los proponentes de estas propuestas más nuestros enemigos que nuestros aliados" .

MENUDA CARGA DE PROFUNDIDAD...

Por el medio, consideraciones ya manidas de tanto utilizar sin éxito alguno, como son los lamentos porque la LOPS no considerase que toda la psicología era sanitaria, la imposibilidad de acceder a la formación PIR a todos los interesados en el ámbito de la psicología clínica . Y LO QUE ES MÁS SONROANTE AÚN: ni una frase crítica sobre el dimensionamiento de facultades y estudiantes de psicología. Todo lo contrario: "Y todo ello nos lleva a la conclusión de que formamos un contingente importante de profesionales de la Psicología, posiblemente proporcionado a las necesidades de asistencia psiicológica existentes en nuestro país, pero solo utilizamos una ínfima proporción debido a las trabas y limitaciones legales establecidas en los niveles de especiaalización profesional de los mismos."

Y como colofón final, en el apartado de conclusiones, y suponemos que ya que no es posible eliminar la figura del especialista en psicología clínica, insiste en que el período de formación debe quedarse como está, sin anclarlo al nuevo panorama de formación europeo (¡y luego habla de integración de la disciplina psicológica!!!), que la implantación definitiva del psicólogo clínico especialista "no debería interferir ni suponer ninguna limitación para el desarrollo de los programas oficiales de formación del psicólogo general sanitario, tanto en su contenido como en la temporalidad de los mismos"

Y en lo que planteábamos inicialmente, en el deseo de arrinconar la psicología clínica en una esquina del sistema de salud: "La futura figura del psicólogo general sanitario promete ser una buena alternativa profesional complementaria a la ya existente del psicólogo clínico especialista (PIR), al ampliar el campo de las aplicaciones de la Psicología mas allá del estrecho marco aplicado que constituyen los trastornos mentales y los servicios de salud mental y de psiquiatría, donde normalmente se atiende a los mismos, y extender nuestras aplicaciones a los centros de salud y al resto de los servicios médicos especializados incluidos en el Sistema Nacional de Salud y a la propia comunidad o sociedad en general"

No sé si en el fondo debemos agradecer al señor Carrobles por hacer conscientes nuestro propio trastorno mental (o como se le quiera llamar; a partir de sus enseñanzas ahora sabemos que cometemos constentemente en el error lógico inferencial denominado ontologización o reificación, y que consiste en "...atribuir una auténtica existencia real, y no meramente inferencial, a los denominados trastornos mentales, cuando los datos empíricos existentes avalan el hecho de que esos supuestos trastornos mentales no son, en su mayoría, otra cosa que meros constructos teóricos inferidos a partir de los únicos datos de experiencia real existentes, en forma de signos y síntomas, o lo que es lo mismo, meras características orgánicas o formas particulares de comportamiento del sujeto concurrentes o relacionadas entre sí, a cuyo conjunto le atribuimos un nombre arbitrario a través del proceso que denominamos clasificación o diagnóstico y que finalmente es lo que constituye la auténtica realidad inferencial de los que denominamos trastornos mentales".).

Y es que, en una epidemia inaudita, el total de los psicólogos clínicos que trabaja en el SNS pàdecemos una extraña enfermedad consistente en la presencia de alucinaciones visuales y auditivas por la que vemos constantemente a compañeros psicólogos clínicos trabajando en todos los servicios de un hospital (neurología, neurocirugía, hetamología, oncología, traumatología...) e incluso en Atención Primaria y Centros de Planificación Familiar. Algunos, incluso nos pasamos las horas laborales con la convicción delirante que trabajamos en uno de esos servicios, codo con codo con nuestros compañeros de otras especialidades y profesiones sanitarias.

Seguiremos en nuevas entradas comentando otros artículos, no tan interesantes como éste. Ahora, vamos a intentar ponernos a tratamiento.

martes, 8 de enero de 2013

SIGAMOS CON LAS METÁFORAS NAVIDEÑAS

Miguel Ángel Aguilar en El País de hoy...
... y las ideas católicas y protestantes sobre la condenación y la vida eterna.¿en qué quedamos?

Siempre sospechando de los afanes de prosperidad, que venían a ser afanes de condenación; mientras, los protestantes encontraron la manera de poner el foco en la parábola de los talentos y se entregaron al deber de buscarles la rentabilidad óptima.

y hete aquí que llegaron los "tecnócratas"


Por fin, de manera inesperada, de la mano de los tecnócratas y de la espiritualidad laureanista, se inició la reconciliación de los españoles con el dinero, hasta entonces sospechoso salvo si procedía de un designio providencial por herencia inevitable. Se produjo un cambio de paradigma que terminaba con la admiración por las manos muertas, del prestigio de una familia basado en el número de generaciones que lleva sin trabajar. El afán de prosperar pasó a estar bien considerado aquí abajo, además de convertirse en un signo de predestinación para la vida eterna. En estas estábamos cuando (...)

http://politica.elpais.com/politica/2013/01/07/actualidad/1357586048_488665.html


Ahora que se multiplican los llamamientos en línea de que "juntos podemos" conviene atender a cuál es la tarea que se nos propone o si más que una tarea es mera sumisión y docilidad. Porque arrecia el proyecto de los ultraliberales para quienes, como escribe Tzvetan Todorov en La experiencia totalitaria, “el Estado sólo debe intervenir para favorecer el libre funcionamiento de la competencia, para engrasar los engranajes de un reloj natural (el mercado), aunque el resultado sea que se queden al margen los perdedores, auténticos desechos del sistema, condenados a la pobreza y al desprecio, que son considerados los culpables de su desgracia”, de modo que carecería de sentido recurrir al Estado para que los ayudase.

Observemos los empeños de recortes y de reformas, donde con el bote de humo de la austeridad se puede avanzar sin riesgo, una vez difuminada la raya que separa las obligaciones impuestas por la precariedad, de los designios ideológicos elegidos. Atendamos enseguida a la adhesión ciega que los ultraliberales exigen para sus postulados, venerados como verdades científicas o convertidos en dogmas de una religión secular.

Los fervorosos de la cofradía se consideran exentos de toda responsabilidad. En cuanto a dónde pueden llevarnos las medidas del Gobierno liberal de Rajoy en ámbitos como la Sanidad, la Educación o las pensiones, una vez privatizado lo que haya de negocio, se recomienda repasar el legado de la señora Margarita Thatcher con ferrocarriles a la moda ugandesa o echar un vistazo a los nuevos tomos del Diccionario Biográfico de la Academia de la Historia. Atentos.

(las negritas son nuestras)
(se recomienda leer el artículo desde el espítitu crítico. Y el inconformismo)

sábado, 5 de enero de 2013

A los Reyes Magos


Para facilitar la labor de sus Majestades de Oriente. Nos pedimos lo mismo que este colaborador de La Voz de Galicia:

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2013/01/05/carta-reyes/0003_201301G5P15994.htm

"Queridos Reyes Magos: Perdonad el retraso, pero es que entre prima de riesgo, preferentes, desahucios, desempleo y que vamos como motos, se me ha ido el tiempo sin darme cuenta. Además tampoco tendréis que hacer cola en los grandes almacenes para lo que os voy a pedir. No es necesario que os diga que he sido bueno. Pagué todos los impuestos, trabajé más de lo exigido, cumplí con mis deberes de ciudadano ejemplar y hasta soporté con resignación y buen humor los sinsentidos y soberbias diarios de nuestros señoritos.
Y esto es lo que os quería pedir. ¿Sería posible que trajeseis un poco de sentidiño para repartir entre quienes tienen la obligación de regir nuestros destinos? ¿Podríais traerles algo de respeto para con los ciudadanos? Vosotros, que sois magos, ¿seréis capaces de hacerles ver que el mundo en el que ellos viven no tiene nada que ver con el de los que las pasan canutas? Creo, queridos Reyes, que no es mucho pedir. Sobre todo teniendo en cuenta que esto se hace irrespirable. Y que siguen sin querer enterarse. Si no podéis cumplir mis sueños, entonces os agradecería que me dejaseis 53 cajas de Trankimazín, de las grandes, 32 de Orfidal, también de las grandes y 19 de Lexatín, tamaño familiar. Para poder soportar a esta tropa otro año más."