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martes, 14 de febrero de 2012

LOS DEPREDADORES DEL TAPYR (quinta entrega)

Hemos recuperado la comunicación y completamos el envío que se vio interrumpido hace dias.

NOTAS DE OBSERVACIÓN (continuación)

Al fín puedo reenviar el correo que se cortó la última vez. Todo este tiempo he tenido que soportar una incesante transformación de las letras “o” del texto en emoticones que semejaban un rostro con apariencia mística y mirada ovina que vagamente me recordaba a la presencia. Cabe vez que modificaba en el texto la letra “o”, previamente transformada en el emoticón citado, un pantallazo con una imagen de un cajón lleno de medallas (al mérito contaminante, a los cien metros lisos más discutidos, a la mejor aclaración confusa sobre la sanitariedad de la psicología, a los mejores chorizos reales, al juzgador más prevaricador,…)  me impedía continuar y hacía desaparecer el texto; y una vez que lograba estabilizar la imagen, de nuevo, como una aparición, emergía la foto de una longaniza rosa fucsia coronada y con una etiqueta que, con marca registrada, en el anverso exhibía el lema “todos somos iguales ante la ley” y al girar y mostrar el reverso exhibía otro en letra gótica que rezaba “la igualdad es dimensional”. Insufrible.

Alguien  me había colocado, mientras hacía la transmisión, una lombriz troyana que se camuflaba en un gusano informático normal incluido en un zip que contenía la cotización en bolsa de los certificados de especialización en psicología clínica, y los de psicoterapia, que de nuevo estaba emitiendo inflaccionistamente el trust PsiCoproration Ltd..

 Pero lo he resuelto y mi autoestima está por los aires, como cada vez que doy “arreglado” algo en el ordenador . También es cierto que pagué un precio: me volé, al borrar registros raros en el caché de windows, el inolvidable archivo de las fiestas paganas en los años dorados en que aún creíamos que la estupefacción necesitaba química de apoyo. Por si me faltaran motivos para permanecer atento.

Continuo entonces con la transmisión del informe de observación que se había cortado en un momento tan inquietante.
... ... ...

“Intenté pasar la noche de la mejor manera. Dormí la primera hora y media, tasada, de cronómetro, y maldije la arquitectura del sueño. Morfeo se vengó. Unos ojos como ensaladeras  anunciaban a los veinte minutos de despertarme una noche de insomnio puro, sin matices. Muy larga.

El hedor insoportable que se filtraba dentro del reducido espacio de la tienda de observación, el silencio casi sólido que me tenía en una permanente tensión haciéndome sentir que algo me podía ocurrir en cualquier momento, la  congoja indescifrable que me invadía, la incapacidad para controlar mis pensamientos que se perdían entre dudas sobre la neutralidad observadora y reaparecían con cuestionamientos de mi compromiso con la subdirección para irse de nuevo entre nostalgias por los tiempos en que dos certezas ordenaban el universo. Y por encima de todo el calor y unas ganas de mear constantes, quizás prostáticas, quizás consecuencia de la tensión, quizás fruto de las pastillas estimulantes que tomaba para sostener las jornadas de observación.

Me ocupé con lecturas para ganar tiempo. No iba desprovisto, y alterné hasta en tres ocasiones entre los dos libros que había decidido llevar conmigo, por si acaso. El primero, titulado “Eficiencia y gestión: nacimiento, fulgor y muerte de los ecosistemas sanitarios redistributivos. Un análisis desesperado”, era una obra de un grupo de estudios neozelandés acusado de hippismo por las corrientes normalizadoras, de pensamiento voluntarioso pero sospechoso de idealismo y archiconocido por sus programas de grupos focales con moribundos para evaluar la calidad asistencial, que habían tenido un efecto sorprendente e imprevisto en la modificación de la prevalencia de adicciones entre el personal sanitario.

El segundo libro era una novela de dificil clasificación, quizás se podría decir que era pseudorromántica con mensaje político perverso y con un punto erótico dificil de pillar (por la dificultad de algunas escenas de casi imposible representación mental dada su complejidad acrobática, o quizás porque rompían la narración sin justificación discursiva y sin compasión gramátical). Su título debiera haberme desanimado, supongo, pero quizás la compré un dia que andaba buscando pornografía sorprendente. “La medalla de Fajín o el recurso a la pelota” daba que pensar. Era pretenciosa. En algunos momentos su autora  pareciera querer que se la considerara como un ensayo sobre la erótica del poder, pero más parecía una novela errática del oeste que habría indignado al mismísimo Silver Kane (respetado por su heterodoxia estilísitica). Pero entretenía, eso sí, y el ejercicio mental que exigía para representar las escenas completando al tiempo las carencias sintácticas hacía pasar las horas. El argumento era simplón: la historia discurre en una capital de provincias y la heroína que es de provincias, confusa debido al momento vital que está viviendo (debe cambiar en breve de trabajo y ha perdido muchos amigos sin que logre entender el motivo) es engañada por un grupo de estafadores que le roban hasta el reloj y le complican la vida haciéndole fotos con una presunta delincuente traída para la ocasión y que andaba en busca y captura. No hay tiros pero sí alabanzas y mimos en cantidad empalagosa. Acaba regular (pero no voy a informar de ello por si alguien que lee estas notas estuviera leyendo también esa ¿obra?).

Pero pasé la noche y despisté la angustia a veces. Y amaneció lentamente. Si uno no se muere siempre amanece, tarde o temprano.

Aturdido. Sin saber lo que sentía. Mezclándoseme en el pensamiento la imagen imposible de Fajín con la catástrofe sanitaria de los neozelandeses. Con la camiseta antinuclear pegada al cuerpo. Nauseoso por el asco que me provocaba el olor. Hipotenso y de bajada de los estimulantes. Me eché fuera de la tienda. Caí. Esperé sentado a orientarme. Silencio. Sólo silencio. Eché de menos los pájaros. Y entonces recordé bruscamente todo el dia anterior y una oleada de ansiedad me despejó de golpe. Tuve que imponerme el quedarme quieto. Esperar. No destrozar el campo de observación. Algo había pasado. Tenía que esperar. El comportamiento de la tapyr no había sido descrito antes y era fácil darse cuenta de la gravedad de su conducta. Esperar a más claridad, y mientras observar: con el olfato (nada nuevo, sólo podredumbre), con el oído (nada nuevo, sólo silencio, silencio, ¡oh dios!, ¡el silencio de la depredación!). Esperar. Imponerse esperar. La maldita bajada de los estimulantes me provocaba una labilidad molesta que me impedía pensar. Sólo sentía pena y ganas de llorar. Me tragué dos cápsulas más de dexedrina de 10. Estaba servido para las próximas dieciséis horas. Sólo media hora más y podría con todo. Sólo me hacía falta luz, ya tenía estimulación. Dudé si sería capaz de esperar lo que debía. Bebí y logré aguantar.

¿Observar y no intervenir?, ¿regresar sólo con los datos neutrales de una observación neutral de un explorador neutral pagado por una subdirección neutral en un mundo neutral y con unos tapyres probablemente neutralizados ante mis narices?, ¡a la mierda la neutralidad científica!, ¡a la mierda la supuesta neutralidad de la subdirección!. ¡A la mierda! (y espero que esto no sea un cabreo por culpa de las dexedrinas). ¡No!, ¡algo pasa y es grave!.

Me tranquilicé golpeándome sin querer al girarme bruscamente, en medio del enfado que empezaba a invadirme, contra una rama baja y muy inespecífica del árbol diagnóstico situado a la izquierda de la tienda. Fue mi salvación, y la de mi trabajo. Me serené, desenfundé dos bolígrafos (oculté uno sin estrenar en la tobillera y el otro lo mantuve visible en la mano), bebí otro trago (de lo que no debo pero que es un recuerdo subclínico de una adicción semidisfrutada) y con rapidez abrí el cuaderno de campo y dibujé la calva que tenía ante mí cada vez más visible, más real, más apestosa. Hice un plan de aproximación a los agujeros que había escarbado la tapyr. Era importante no pisar sus huellas o confundir otros rastros, o dejar una información clara de mi paso. Estaba emocionado. Iba a intervenir. ¡A la mierda!, ¡eso!. Seguro que pronto sería despedido por esto. Sea. Aunque me retirarían la palabra en algunos clubs científicos por carencia de aptitud observadora, con el escaso consuelo de que unos marginales subsistema me considerarían más de los suyos. En fín. Realistamente: iba a meterme en problemas. Lo inevitable vestido de opcional consolaba. Veremos cuando baje la dexedrina.

Situado a unos cincuenta metros de la tienda, en un angulo de 45º, se situaba el primer agujero. Avancé hacia él en línea recta. No pisé más que tierra reseca y antigua, sin otras señales que las de la erosión del tiempo sobre el trabajo concienzudo de devastación de los negotiorum gestor que quizás ya estuvieron allí a los comienzos de la reforma cuando hacíamos planes de conservación y desarrollo. Me prometí volver a estudiar los estratos de devastación para demostrar la hipótesis de que el plan era antiguo. Al acercarme la peste se hacía más fuerte. Llegué al borde. No más de medio metro de profundiad por uno de diámetro. Casi un círculo exacto. La tapyr era concienzuda escarbando, perfeccionista, hábil. Alrededor del agujero un reborde de unos veinte centimetros de altura, de tierra negra que contrastaba con el color ocre de la campa, extraída con aparente facilidad, blanda, apestosa. Nada más.

Avancé al siguiente agujero a unos treinta metros del primero. Nada. Después otro más a otros cincuenta metros a la izquierda del anterior. Nada especial excepto el mismo olor y algunos sólidos de incierto origen, duros, más grandes que las piedras que rodeaban los bordes. Parecía como si la tapyr estuviera haciendo catas del terreno, buscando algo. En el siguiente, ya el cuarto, a veinte metros en línea con la tienda, se podían identificar restos de tapyr (programas de formación, investigaciones, direcciones web, esperanzas, ilusiones, ...) que no debían llevar más de dos meses allí enterrados. Ya estaban en estado de putrefacción avanzada. Sentí pena por ellos. ¿Cómo los habrían matado?. ¿Por qué allí?. ¿Quienes serían?.

Pero el último agujero, a diez metros a la izquierda, del que la tapyr había extraído algo, que parecía que la había enfurecido tanto como lastimado, de aparienca igual que los anteriores, contenía dos objetos que examiné con especial cuidado. Un bolígrafo de una churrasquería (ajá, ¡carnívoros!) y media foto de una vieja polaroid en la que, fijándose mucho, era distinguible un petit empereur ante un fondo de palmeras (escribí un artículo sobre la migración periódica breve del petit en el solsticio de verano a zonas tropicales y por eso no me costó identificar que se encontraba en fase de engorde). Pero en la zona circundante podían verse con facilidad abundantes pilosidades ensortijadas que por su tamaño sólo podían ser de la presencia, hierba entintada con el peculiar olor que desprende el rastro de los escriptor, abundantes  plumas genitales de kalumnior (¿tan al norte?), algunas huellas de tapyr de por lo menos dos semanas atrás y al lado otras huellas para mi desconocidas de un ungulado pesado que parecía dejar trás de sí un rastro como si una capa rozara el suelo. Pero lo más sorprendente fue encontrar a unos cinco metros, entre desperdicios, borradores repetitivos de nuevos decretos y un trozo de papel del que, por más que busqué, no encontré otras partes. Con dificultad logré anotar:
 ...proy....sustitución primaria... Ø—no Tap__psic____mást___

Y no encontré nada más. Era todo muy confuso: los kalumnior tan al norte dentro de la selva sanitaria, el rastro de esa especie que no conozco, la coincidencia en el mismo lugar de esos pájaros y depredadores, los restos de lo que pareció un sacrificio,...

Recordé chismes que se decían cuando ya avanzada la noche, en los cenáculos de los observadores científicos, sueltas las lenguas y las manos por el efecto facilitador de la química, se hablaba, chismorreaba más bien, de la existencia de la cópula interespecies y que actuaba en el grupo de charlatanes como lubricante para propuestas reales más sensatas. Nunca lo había creido. Pero ahora venía a mi pensamiento. Lo de la novela de Fajín no me había sentado bien. Era mediodía. Pronto aquello sería insoportable. Pero, quizás como consecuencia de haberme detenido después de haber estado tan centrado en la observación, noté aquello, como un rumor lejano, algún chillido sobresaliendo, ..., muy al sur algo estaba ocurriendo.

A estas alturas ya todo mi futuro en la subdirección me daba igual. La dexedrina aún me concedía margen para una nueva valentía. Fotografíé la campa. Guarde muestras, y comencé a recoger. Iba a intentar saber que estaba pasando.

Hacia el sur.”
 
Netopir Ignóbilis Cundey


miércoles, 8 de febrero de 2012

LOS DEPREDADORES DEL TAPYR (cuarta entrega)

Nota de editores: se ha recibido sólo este texto. Deducimos que falta la segunda parte. Quedamos en espera de que pueda restablecerse el envío.

Posiblemente datadas en el año 2008. Quizás en el verano. Unas notas que bien pudieron ser elaboradas por uno de los exploradores que lograron regresar. Constituyen un archivo que se encontraba partido y que una vez recuperado informa de algo terrible. La devastación no era casual.

Envío utilizando un reemisor de confianza algo dudosa. No tenemos mucho tiempo.

NOTAS DE OBSERVACION

  Desde hace once dias mantengo este puesto camuflado con hojas de manuales de disciplinas relacionadas con la Psicología. A través de una ventana practicada en una hoja de un capítulo de filosofía, que parece desarrollar algo referido a Platón y sus problemas con la realidad, observo sobrecogido desde hace más o menos siete dias a una tapyr que, para fortuna de la investigación de la subdirección, está en alcance visual y accesible a los instrumentos de registro. Pero para mi desgracia su conducta me viene sumiendo cada vez con más fuerza en la pena, en una tristeza que parece hundirme en la tierra.

El puesto está situado a dos dias de marcha de tapyr de los límites de los campos paranínficos entre dos enormes árboles de diagnóstico diferencial, al borde de un claro teórico del tamaño de una  hipótesis razonable y sólo poblado por una hierba rala de una altura no superior a las ambiciones de un lider corporativista. Los escriptor debieran andar lejos, esperando víctimas en las fronteras de la selva sanitaria. La presencia y le petit empereur también tendrían que estar más al sur. Es por eso que decidí situar el punto de observación de tapyres en esta zona. No son fáciles de observar en actividad ya que su propia timidez hace que se retiren o distorsionen radicalmente su conducta cuando se sienten observados.

Hace un tiempo caluroso, el aire huele a crisis e  incertidumbre sobre un fondo reconocible de putrefacción por destrucción gestora, lo que me hace recordar la constante actividad fagocitadora de algunos negotiorum gestor que seguro no andarán lejos creando más calvas como esta. 

A los cuatro dias de instalar el puesto cuando ya pensaba que sólo estaba perdiendo el tiempo, una tapyr joven se mostró al otro lado del claro y durante unas seis horas permaneció mirando hacia el centro, casi inmóvil. Después desapareció, adentrándose en la selva por donde había venido. Reapareció al dia siguiente en el mismo sitio a la misma hora, las siete de la mañana,  y repitió su conducta. Pero al cabo de diez horas comenzó a desplazarse bordeando el claro, como para evitar alejarse de la selva. Se detuvo cuando había avanzado como un cuarto del perímetro, miró atrás y se volvió de nuevo hacia delante y emitió lo que pareció un quejido afónico, como el inicio de un lamento dirigido hacia el centro del claro. Al cabo de unos quince minutos interminables enmudeció y permaneció inmóvil durante dos horas. Después retrocedió y se fue de la misma forma que el primer dia. Esperé, pero no regresó y sólo pude observar movimientos de sombras por donde había desaparecido y a lo lejos el graznido del escriptor de cuello corto con su molesto, repetitivo y cansino in-fo-có destrozando lo que quedaba de la tarde.

Al dia siguiente yo ya la esperaba. Puntualmente se presentó en el mismo lugar y con decisión se dirigió al lugar que había alcanzado en el dia anterior. Allí se detuvo, permaneció casi media hora y después, a un salto de la selva, bordeó el claro por completo moviéndose despacio, con breves paradas, siempre mirando, como hipnotizada, al centro del claro. Y, mientras caminaba, otra vez emitía el mismo gemido contenido, pero hoy en algunos momentos parecía temblar. Cuando dio una vuelta completa se acostó ocultándose parcialmente, dejando sólo visible su cabeza. Al cabo de dos horas, en las que miraba alternativamente al centro del claro, a los lados y al interior de la selva  situada a su espalda, comenzó a desplazarse encogida, como reptando, hacia el interior de la calva. Y en un punto que casi se correspondía con el centro geométrico se detuvo, volvió a mirar a  su alrededor, olfateó repetidamente el aire orientando la cabeza hacia el sur y después de permanecer unos minutos en esa actitud comenzó a escarbar frenéticamente. 

Más allá, en la selva tras su espalda algo se desplazaba rápidamente. Sólo logré distinguir varias sombras que sin mover una hoja estaban cercando el claro.

La tapyr parecía impulsada por la desesperación. Escarbaba sin dejar de olfatear la tierra que removía mientras sostenía el quejido que en ocasiones, como descontrolado, era perfectamente audible. Era un llanto. Temí por ella. Pensé que los miméticos no andarían lejos, si es que no estaban ya esperándola, o que algún escriptor pudiera andar sobrevolando el pobre mundo de los que como aquella tapyr sólo pueden sostener el equilibrio de la selva.  

Ya sin ninguna prudencia continuó así durante más de media hora, levantó la tierra en cinco puntos y realizado el último agujero, del que extrajo algo que no alcancé a identificar desde el puesto de observación, emitió un largo sonido, desesperado, potente, audible en todo el territorio, que llenó de angustia el aire exponiendo gravemente a la tapyr a los depredadores. En la sombra de la selva ya nada se movía. El hedor se había vuelto insoportable al haber cambiado la dirección de la brisa que ahora arrastraba el aire desde la calva en dirección al puesto de observación.

A ella no parecía importarle el riesgo que corría. Al contrario, permaneció erguida mirando fijamente a la selva, hacia el sur y en ocasiones mirando al cielo, como retando. Después de un tiempo que no puedo precisar porque permanecí congelado anticipando el final, se fue por donde había llegado y al poco un nuevo lamento general, esta vez procedente de las voces de decenas de tapyres, se extendió por la selva sanitaria. 

Después cayó la noche y extrañamente la selva permaneció en silencio .

Algo nuevo había ocurrido y no alcanzaba todavía a entenderlo. Pensé que podría ser grave. Al dia siguiente, con el alba, comprendería el motivo terrible que había provocado el llanto de la tapyr.

""""""""""""""""|||||||||||||||||

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sábado, 28 de enero de 2012

LOS DEPREDADORES DEL TAPYR (3)

Nos ha llegado una nueva contribución. Todo parece cada vez más extraño.

Tercera entrega

 LOS CAMPOS PARANINFICOS

 Ya ha pasado un tiempo. Largo a mi pesar. Pero estoy de mejor ánimo que la última vez, cuando envié la segunda entrega hace más de un mes. Veo las cosas con más claridad después de haber superado un largo catarro que mantuvo mis ojos llorosos desde hace más de dos meses. Las lágrimas ya no dificultan la escritura.

Pero no sólo el ánimo o los trastornos de salud propios del invierno han dificultado el envío de esta entrega. Siento que rastrean, que buscan las conexiones. Saben que han perdido un archivo. Los nuevos ocupantes ministeriales no quieren dejar nada al azar, desconocen lo que se ha perdido y quieren recuperarlo. Los interesados en la desaparición del tapyr lo buscan aunque sólo sea para destruirlo.

Mi vida ya no es como antes. Veo troyanos en donde antes sólo había atenienses. Injerencias en la red donde hay rutinarios cortes de servicio. Informadores en donde sólo hay taxistas. Pero es que los noto cerca y entonces todas las precauciones son pocas. Por eso hoy hago este envío desde una red camuflada. Y, para que quede constancia, tengo la firme sospecha de que el cierre de Megaupload sólo ha sido una tapadera para intentar borrar los archivos que accidentalmente conocí,  ya que sé de buena fuente que se había difundido que estaban guardados en sus servidores. Afortunadamente están a buen recaudo en soporte físico y con copia entregada a custodios, que disponen de instrucciones precisas sobre lo que han de hacer si me ocurriera algo más que un catarro (del que sospecho que he sido contagiado intencionalmente, pero de ello no tengo pruebas, lo sé).

Pero estoy de mejor ánimo. Y eso es mucho con la que está cayendo. Sigo vuestro blog y sigue siendo el sitio adecuado para dar a conocer lo que se sabe. Quizás Assange habría tenido mejor suerte de haber podido contar con esta posiblidad, pero aún no es tarde y estamos en ello. A ver.

Hoy transcribo un word datado en una fecha poco clara. Fue modificado en enero de 2006. Parece un texto que quizás sea a medias un informe y a medias un panfleto sensibilizador. Parece ser de encargo ya que en algunos pdf vinculados se recogen documentos escaneados de facturas de taxi y de recibos de alquiler de medios de transporte informales que están firmados con una X común o con firma válida universal mediante huella digital auténtica. Son estos los primeros indicios que descubro acerca de la posible existencia de una contabilidad, que ha de hallarse en algún lugar y que nos dice que, por tanto, debió existir un presupuesto y un plan y alguien autorizándolo. Me tiemblan las orejas sólo con pensar que pueda encontrarse entre esta maraña documental, porque alguien ha debido autorizar el uso de taxis, mulas y bicicletas de montaña para llegar a ese lugar inquietante que figura en los recibos bajo el genérico nombre de “destino:campus”.

Por lo que parece, diversos observadores (¿los que han pedido esos recibos y usado esos transportes?) han ido proporcionando descripciones de los campos paranínficos, cuando después de audaces exploraciones han entregado informes a los que presumo fueron sus contratantes. Eso en el caso de los que han regresado, porque a no pocos se les ha perdido la pista al poco tiempo de adentrarse en territorios que, como veremos, pueden ser temibles. De otros sólo se sabe, a través de escasas notas que, después de rendir informe, han degenerado socialmente al poco tiempo y se han dedicado compulsivamente a la cata de aceite. También consta que en algún caso, sin antecedentes, se manifestaron alteraciones de conducta ferozmente nihilistas que han llegado hasta el rajado en serie de neumáticos sin preferencia alguna por marca. Pero si bien estas alteraciones han puesto a prueba la habilidad clasificatoria de los expertos en lo que le pasa a los demás (los EQPD) no todo ha sido invencible ya que un grupo heterogéneo de trastornados con evolución deteriorante, de origen incierto e intensidad imprecisa, ha podido ser reducido y simplificado, a efectos de estudio y comunicación de lo previamente convenido, mediante la aplicación de la fórmula de reducción de variabilidad supresora de individualización (en su formato profesional avanzado, y a potencia Nn ). El esfuerzo no ha sido poco ni en vano y ha anonimizado totalmente (error casi despreciable) a los sujetos clasificados (ya no se reconocen ni ellos mismos). De esta forma el citado conjunto heterogéneo ha sido dignificado científicamente rescatándolo de la incomunicabilidad científica mediante su inclusión en el grupo de criptotrastornos paraespecíficos de la Guía Diagnóstica Rápida (GDR-RR, revisión febrero) de la AFCEQPD (asociación festivo científica).  La consideración de estas transformaciones personales como criptodegeneraciones, independientes de los casos de los fanáticos del aceite o de los reventadores en serie de neumáticos, ha abierto agrias discusiones, con ramificaciones políticas, con los sectores profesionales reintegracionistas y prosentido común que advierten del riesgo estigmatizante, y empobrecedor de la variedad diagnóstica, que sólo satisface al dogma que han denominado “reduccionismo al mínimo”, que también valoran que encubre la intención de mantener oculto el origen común de esos trastornos.

Pero, para lo que aquí importa, toda esa discusión (que llena con notas el texto que realmente interesa y que hace perder el hilo de lo importante) es muy molesta y hasta desagradable, porque unos y otros hacen más o menos lo mismo (según otro sector escéptico) para hacer pasar desapercibidos socialmente a los exploradores afectados.

Este es el texto del archivo word.,
“Asunto: reporte ordenado de las exploraciones de los campos.
Título: los campos paranínficos, una visión desapasionada.
Subtítulo: Síntesis odiosa de informes parciales.
Autor: Comisión específica de informes para subcomisión preparatoria de estudios de planificación (Sección adjunta del Servicio auxiliar de la Subdirección Parcial de Asuntos Generales de la Dirección General de la Subsecretaría de Proyectos, agregada a la Secretaría General por R.D. que modifica la O.M. correspondiente publicada en BOE de 31 de abril de 2004, a efectos de proporcionar seguridad jurídica y no perderse).
Estilo: libre.
Clasificar como: poesía de rechazo.

Los campos paranínficos son como extensiones aparentes, autocontroladamente suaves, provocadores de una primera impresión pacífica en quien no conozca sus peligros. Están habitados por seres diversos entre los que destaca el docindagator. Los integrantes de esta  especie son hermosos, admirables, emiten unos sonidos característicos que son como cantos prolongados, luminosos, plenos, llenos de equilibrio y creatividad, que hacen sentir a quien tiene la fortuna de oirlos una sensación sólo comparable al placer que produce la aproximación al conocimiento.

Pero con ellos también existen otros seres terribles: los kalumnior ( los scriptor son una de sus formas evolutivas, y ni mucho menos las más destructiva aunque si la más versátil y oportunista), expertos en la espera y el engaño, ambigüos, con una enorme capacidad debilitante sobre sus presas. Matan con tal lentitud que la víctima escogida desea el final para si misma antes que seguir esperando a que el kalumnior la remate, en el caso de que no acepte convertirse suprimiendo sus últimas capacidades de autonomía mental e incorporandose con su capacidad restante, docilmente, al plan del kalumnior.

Los campos paranínficos son el primer hábitat del tapyr. Eso explica para algunos estudiosos de su comportamiento su tendencia a aproximarse a los límites de la selva sanitaria, aún a riesgo de ser objeto del mortífero ataque de los scriptor. Se cree que lo hacen para mirar, en lo que parece un efecto de la nostalgia, los campos en los que se criaron, y en los que mientras miran ocurren miles de dramas, identificables en el sordo rumor  proveniente de los campos conformado por miles de chillidos confusos, desesperados, sorprendidos, producidos en la destrucción de hermosos cantos jóvenes de ejemplares nacientes de docindagator a los que están impidiendo madurar amputándoles el órgano de la opinión. Cantos nacientes truncados en origen por la violenta y despiadada acción anticreativa de los kalumnior, de los scriptor, y de otros depredadores, y ahora destrozados y convertidos, al comienzo de su proceso de transformación, en ruidos roncos, en asentimientos casi agónicos de meros supervivientes.

Pero entre tantas señales de la devastación permanente en curso destacan áreas luminosas sostenidas por los docindagator, bien visibles en la lejanía, casi limpias, llenas de color y frescura.

Hacia ellas miran los tapyr, y cuanto más miran más pareciera que no se ven y más desconocieran el poder y la belleza de su propia voz: tan aparentemente disarmónica, ocasionalmente torpe, progresando como a tientas en ocasiones,…, pero a menudo llena de genialidad, nunca repetitiva.

Los mejores cantos de los campos, como sinfonías, a veces provocan en los tapyres contestaciones que en sus mejores elaboraciones sólo son comparables al jazz. Es entonces cuando la coincidencia de ambos silencia con su abrumadora potencia las llamadas engañosas de los scriptor y de los tapyres abducidos y provoca la atención de los seres desorientados que vagan por la selva sanitaria y por los campos paranínficos. Son momentos de paz, breves, que sólo preceden a otro ciclo de la caza, pero que recrean la esperanza e intimidan y paralizan por un tiempo a los depredadores.

Nota (casi ilegible) …regreso a ningún sitio, no me creerán o me silenciarán…tengo que dejarlo…necesito aceite…no tengo ahora fuerzas para informar del proceso de crianza”.

Deduzco ante esto que en algún otro lugar debe haber información sobre la crianza del tapyr.
Y corto que llevamos demasiado tiempo en conexión.

                                                                                                                            


      


Netopir Ignóbilis Cundey

domingo, 18 de diciembre de 2011

LOS DEPREDADORES DEL TAPYR (2)

De nuevo otra propuesta de esta extraña historia.

SEGUNDA ENTREGA


LOS ESCRIBANOS

Avanzo penosamente ( a veces venciendo la caleidoscópica visión del texto a través de las lágrimas) intentando dar coherencia a datos y documentos.  

Algunos hallazgos parecen a primera vista simplemente absurdos, como el archivo “tinta_veneno.docx” que contiene lo que quizás sea una extraña información que se  titula en su primera página “sobre entintamiento de tapyres” (¿?) . Pero lo absurdo se tranforma en un sinsentido horrendo del que intentaré informar en otro momento en que me sienta capaz.

Otras veces lo encontrado es sencillamente terrible: estudios predictivos sobre costes de liquidación prolongada, experimentos sobre confusión y desorientación de tapyres, experimentos sobre provocación de agresión intergeneracional entre tapyres, planes de alimentación guiada y enriquecida de la presencia, informes sobre seguimiento con tecnología GPS de le petit empereur (en los que, por cierto, frente a lo que se creia y defendian  tan dogmática y apasionadamente los etólogos de la corriente justificativa de la Universidad de Pinsconssin, y muy  en particular Skipper,  se demuestra que es territorial y que se desplaza fuera de sus zonas  de caza influido al parece por los solsticios), informes sobre errores típicos del ataque de los miméticos,documentos de un seminario sobre métodos TOP 10 para manipulación de tapyres (con el subtítulo “el TOP 10 y el engaño de la fama, o ¿qué sabemos realmente sobre la inteligencia del tapyr?”), estructura del sistema límbico de le petit empereur (en el que se informa entre otros descubrimientos del inquietante dato de que su amigdala es del tamaño de una patata pequeña), etc, etc.

Se entenderá entonces que cada palabra de estos informes, aquí  volcada, la simple coma que acabo de escribir, cueste tanto. Es esa sensación nauseosa unida al ánimo sombrio que no  logro superar lo que lo hace todo tan difícil. En realidad no estaba preparado para esto. Lo de las grandes manadas engañadas y acosadas por los grandes miméticos y sus carroñeros hasta hacerlas entrar en pánico y  ponerlas al borde del desastre en los años recientes, y el abismo del que habíamos logrado alejarlas sólo unos pocos hombres y mujeres en acciones temerarias realizadas a riesgo de ser arrollados, parecía que ya era experiencia suficiente y que no habría nada peor que conocer respecto a la maldad en el estúpidamente llamado reino animal (¡ah!, ¡la república!, ¡qué falta hace para impedir tanto regio interés!). Pero ahora sé que no es así, que aún no se habían agotado las cosas insoportables.

Pero también hay algún encuentro con hechos graciosos, como torpezas en ataques de los predadores, de las que se hace referencia ocasional. Eso, aunque por breve tiempo, anima.

He estado trabajando dias en la recomposición de un puzzle a partir de archivos fragmentados y alguno encriptado, guiado por una sospecha que me azuzó desde que leí el informe “sobre entitamiento de tapires”. Parecía que eran conocidos dos depredadores diferenciados relacionados  genética y morfológicamente, y aunque también miméticos serían muy distintos a los ya informados. Y siguiendo la pista de la tinta se han hecho evidentes.

Esos dos depredadores, de la especie miméticos (evito conscientemente la discusión sobre el nombre, ya que fijé posición teórica en la anterior aportación y me cansan estas discusiones por irrelevantes), son los vulgarmente conocidos como escribanos, diferenciados a su vez en dos subespecies: el escribano de cuello corto (scriptor propagandysticus) y el escribano de cuello largo (scriptor paracientificus).

Ambos son dos aves de tamaño considerable y de ellas la más voluminosa es el escribano de cuello corto.  A pesar de su gran tamaño raramente se les encuentra pisando el suelo, excepto en algún ataque a los tapyres. Viven en las copas de la estructura arbórea que da cobijo a todos los habitantes de la jungla sanitaria, en puestos muy selectos, bien soleados, y desde los cuales puedan tener una clara visión del desplazamiento de los tapyres. 

Su presencia está bien establecida, según los informes descubiertos, en zonas del norte y, ocasionalmente, del centro peninsular. Prefieren  sin embargo habitar los confines de lajungla sanitaria en ese espacio impreciso en que la vegetación se dulcifica y anuncia el comienzo de los campos paranínficos (de apariencia tan pacífica como engañosa), de tal forma que puedan adentrarse en uno u otro espacio en función de sus necesidades alimentarias, siendo por ello clasificados también entre las especies oportunistas (en realidad podrían ser considerados omnívoros si no lograran acceder a los tapyres, pero también en esto existe una irritante discusión entre investigadores).

Su forma de caza es expresión paradigmática de los métodos de engaño, manipulación y sorpresa con final fatal. Para tal fin segregan un fluido viscoso, negro y pegajoso que emana un olor especial que recuerda a la tinta de imprenta, extendiéndolo  sobre el tronco de los árboles en los que anidan. Y esperan (siempre es esa espera lo que más terrible me parece en esta historia).

Ese olor pareciera muy atractivo para algunos tapyres, que se aproximaran e intentarán embadurnarse con la secreción del scriptor con el fatídico efecto de quedarse adheridos al tronco untado. Será entonces cuando en un ataque vertical despiadado el scriptor se hará con su presa a la que aveces destruirá llenándola de dudas sobre su conocimiento y desvalorizándola ferozmente (arte del escribano de cuello largo), y otras lo confundirá hasta el delirio no sistematizado inyectándole informaciones tendenciosas, incongruentes y contradictorias con el conocimiento sensorial del tapyr (arma principal del escribano de cuello corto). Ambos en ocasiones seleccionan a algún tapyr al que fascinarán para su utilización como cebo de otros tapyres, garatizándose así una aportación regular de victimas a las que trasladarán a los desiertos en los que sólo los miméticos dominan.

En el seguimiento de sus métodos de caza se ha descubierto un hecho sorprendente: depredadores de diferentes especies parecen cooperar (¡los miméticos cooperan!). Y no parece que sea la simbiosis conocida entre carroñeros y felinos, sino que estamos refiriéndonos a conductas en las que los escribanos parecen trabajar para la presencia o le petit empereur proprcionándoles víctimas ya cazadas.(1)

Existen muy pocos documentos sonoros de las formas comunicativas de los escribanos. De lo conocido se deduce que gustan de la posición territorial central en el espacio que habitan, son más bien solitarios y rivalizan sordamente entre ellos aparentando no verse cuando están cerca (se hipotetiza que de esa forma evitan el contacto directo que reduciría el riesgo de heteroagresión). Las dos subespecies tiene cantos diferenciados que, al igual que sus fluidos, parecen atractivos a algunos tapyres por lo que se cree que en realidad son llamadas de caza (2), si bien los cantos son rítmicamente pobres, comunicativamente inertes y socialmente estériles.

El canto del escribano de cuello largo está formado por cadenas repetitivas en las que se alternan, en una musicalidad preprimitiva, lo que parece el vocablo e-vi-den-ci-a con un sonido parecido a un estornudo que suena bruscamente como algo parecido a ¡sepcis!. Mientras el escribano de cuello corto emite una cadena sonora en ciclos de ocho repeticiones formado por un ruido nasal (in) seguido de un bufido (fó) y de otro sonido oclusivo que recuerda el cacareo (có), pero los ciclos serán del doble de repeticiones cuando está desayunando. La imagen del scriptor propagandysticus mientras emite espasmódicamente los sonidos de su “canto” in-fó-có es descrita como espeluznante y más que un canto semeja  una salva de petardos.

Y lo dejo aquí, por hoy.
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 (1) La recién creada Facultad de Comportamiento de Seres Animados de la Universidad Periférica del Bierzo (más conocida como La Periférica), en un acto de valentía ha iniciado hace unos meses una investigación suicida sobre “simbiosis, cooperación y rivalidad oculta entre los miméticos”. Se teme por sus autores.

(2) Están en curso estudios para identificar posibles variaciones genéticas deteriorantes en los tapyres.

 




Netopir Ignobilis Cundey

domingo, 11 de diciembre de 2011

LOS DEPREDADORES DEL TAPYR

Hemos recibido este escrito. Es sorprendente. Hemos decidido publicarlo. Veremos en que acaba.


Los archivos D:Ecol\X\Psy\tapyr.zip , descubiertos casualmente por un error informático producido en el Ministerio de Sanidad en el proceso de relevo del gobierno saliente (fueron enviados por equivocación a un correo electrónico de una dirección particular, desconocida ahora porque  la “limpieza” propia de los traspasos modélicos de gobierno la borró junto con otros  archivos con el potente programa  ERASER)  desvelan una realidad inquietante. Las cosas están peor de lo que imaginábamos, y lo más grave es que esos datos eran conocidos por quien tenía que proteger la diversidad evolutiva de las profesiones. Yo, casualmente (literalmente) soy  titular de esa cuenta que recibió el zip con los archivos. No puedo callar por más tiempo. Que nadie crea que tengo motivos generosos para justificar esta difusión de lo que a mi pesar he conocido. Sólo quiero calmar la angustia compartiéndola, sólo quiero que la ignorancia deje de ser un refugio feliz. Yo no tengo culpa de haber sabido de ésto, excepto que todos seamos culpables. 

Iré dando a conocer en entregas, al ritmo que la seguridad de los enlaces y mi capacidad de redacción  lo permita, lo que ya se sabía sólo por algunos (¿cuánto más se sabrá?) de la vida amenazada del tapyr. Sólo una petición de disculpas anticipadas: la redacción de las entregas es de mi responsabilidad y forzosamente resume la ingente cantidad de información existente en los archivos recibidos. Es mi intención que las exigencias de información y selección de datos no se vean supeditadas  a un forzado estilo literario, cuyo cuidado prioritario sería sólo un ejercicio de vanidad improcedente en estos momentos. Además, a veces, el texto será tan sólo transcrito y por ello se observarán cambios en los sujetos gramaticales que parecerán erráticos.

Y comienzo casi por el final.

PRIMERA ENTREGA


LOS DEPREDADORES DEL TAPYR

Los depredadores más comunes de los tímidos animosos psicólogos y residentes (tapyres) son los grandes miméticos (de los que hoy destacaremos  la presencia, que habita en  espacios imprecisos del levante español ,y le petit empereur, del que sólo está documentada su actividad en el centro de la península ibérica y en donde aún recientemente se le ha visto en  pasillos de edificios oficiales y en cenaderos  otrora usados por otros reptiles ya extintos)(1).

 El tapyr  es atacado por ellos sin advertencia previa, en distancia corta, mediante sorpresas legales y maniobras institucionales y propagandísticas, incluso con intoxicaciones informativas,  que impiden  a veces la huida eficaz. Estos ataques se producen siempre después de una aproximación cautelosa en la que, camuflándose bajo restos de otros tapyres ya capturados,  la presencia y le petit empereur dificilmente son detectables,  de ahí el sobrenombre de grandes miméticos caracterizados por la capacidad que tienen de ocultar su verdadera apariencia e intenciones. (2)

Pero después de una larga evolución, en la que ha visto en ocasiones en grave riesgo sus reducidas  poblaciones, el tapyr ha aprendido a huir corriendo a gran velocidad entre la jungla sanitaria. Si el asaltante estuviera aferrado a su víctima se golpeará contra las competencias  y las funciones reservadas por ley, y la fuerza del golpe  se verá incrementada en cada una de las rotaciones que realiza el tapyr para defenderse y por la velocidad creciente que desarrolla conforme siente el miedo al saber que si cede o se desmoraliza  podría ser arrastrado a los terrenos desérticos y estériles en los que los miméticos abundan parasitando a sus víctimas. Esos golpes  logran con frecuencia que el mimético suelte a su presa dando comienzo así a otra espera, y con ello al drama, siempre nuevo,  de la supervivencia en la selva sanitaria.

Pero sin embargo la principal amenaza para el tapyr non son los grandes miméticos sino la acción de breves y pequeños seres  que mantienen en permanente incertidumbre el futuro de la jungla sanitaria, constituyéndose en una amenaza ecológica permamente. Son los modificadores por excelencia del hábitat del tapyr, son el origen de una emoción sobre la que existe y construye su vida. El simple recambio generacional de esas criaturas, frecuente por ser corta la esperanza de vida de sus individuos, remueve en el tapyr un desasoiego de siglos, de milenios, profundo, insoportable,..., ¿y si de esta vez devoran la selva?, ¿y si desaparece el sistema nacional de salud?, ¿y si nos exterminan?. Esas criaturas de las especies  politicus y negotiorum gestor materializan el aforismo “natura non facit saltus” (3). 

Hoy en dia, dada la dificil y limitada capacidad reproductiva del tapyr, y como consecuencia de la acción de los grandes miméticos y de los diversos y abundantes descendientes de los mercaderes sanitarius, se considera a esta especie, en todos sus desarrollos regionales, como especie vulnerable o amenazada, previéndose en algunas zonas su reclasificación en especie en riesgo de extinción.

Desde organismos protectores de la diversidad, conscientes de que la elevada especialización del tapyr le hace más frágil por más que sea aún más valiosa su existencia en la cadena de la evolución profesional, se ha hecho un llamamiento urgente a la adopción de medidas de protección.
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A esa tarea conservacionista, en el límite, dedicaré las fuerzas que aún me quedan. Puede que cuando acabe de dejar constancia de lo que sabemos sobre la historia del tapyr  ya sea demasiado tarde. Parece que existiéramos desconociendo que la salud del tapyr es la salud de la selva sanitaria. Ojalá no sea tarde cuando comprendamos el profundo alcance de estas apreciaciones.
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(1) Sería excesivo para una primera entrega de un tema ante el cual aún me estoy situando desarrollar las caracterísitcas de estos especímenes. Más adelante, y en la medida en que logre que mi reacción visceral sea controlada, iré dando a conocer lo que descubrí. Ello será para asombro, quizás para indignación y pena, de quienes viven plácidamente en sus titularidades y plazas en propiedad. El tiempo dirá si el saber vale para algo.

(2) No puede dejar de citarse que esta caracterización es motivo de discusión en los círculos de investigadores de los miméticos. Destacadamente la Cátedra  de Falsedad y Mimetismo Intencional de la Universidad Compliquense de Cangas, viene afirmando después de realizar durante más de siete años un seguimiento intensivo del comportamiento de los miméticos  (a los que, hay que recordar, ha clasificado ya hace tiempo en grandes y pequeños, y en  subespecies que sería ahora excesivo exponer)  que los sujetos descritos sólo de manera forzada pueden considerarse integrados en los miméticos, ya que el mimetismo es independiente de la intencionalidad (tal como se ha deducido de  los últimos metaanálisis dados a conocer sobre resultados de investigación sobre "elaboración de planes y sustrato motivacional en el camaleón"). Es por ello que proponen, en el marco de una controversia que enfrenta a la ciencia ingenua y a la ciencia radical, que los llamados grandes miméticos sean denominados  megahypokrités. Aún a riesgo de ser calificados de conservadores, y más por razones estéticas y de gusto personal que por otra cosa (como es costumbre en la ciencia más chic), se nos antoja que la inclusión de las especies citadas, la presencia y le petit empereur, entre los miméticos es la que nos va (además megahypokrités parece un insulto y eso nos aleja del buen rollo científico y del espíritu académico).

(3) Abundan los estudios sobre estas especies y , como no, se cuestiona que constituyan dos grupos  bien diferenciados por reconocerse en ambos características propias de los más antiguos “mercaderes sanitarius”. Es conocida su acción, no exenta de indiferencia hacia los resultados. Si bien el tapyr les vigila, los politicus y los negotiorum gestor parecen ignorarles, de hecho non son su víctima directa ya que su actividad es más difusa, de efectos erosivos a largo plazo  y por ello con consecuencias letales para los habitantes de la selva sanitaria. Se han descrito casos en los que llegaron a devorar  la estructura hospitalaria de áreas sanitarias completas  y causaron grandes calvas desérticas en el sistema nacional de salud, en las cuales menguó la asistencia de forma alarmante con efectos de grave reducción de la fauna preexistente,  y de deterioro de la función reparadora del sistema que produjo efectos devastadores en las poblaciones que necesitaban de su equilibrio para sobrevivir.

Netopir Ignobilis Cundey